Volvemos a saltar en el tiempo. Un poco más adelante esta vez, a 1890 en Baltimore. Tómate algunos minutos para buscar información sobre la época y qué personajes históricos que conozcas podrías encontrarte. Luego continúa con la historia.
La historia
Caroline Hampton nació en una familia de alta alcurnia en Woodlands, cerca de Columbia, Carolina del Sur. Su madre, Sally Baxter de Nueva York, murió de tuberculosis a los 29 años en 1862 y su padre, el coronel Frank Hampton, murió nueve meses después en la Guerra Civil norteamericana, por lo que fue criada por sus tres tías (las hermanas Hampton) en una pequeña casa detrás de las ruinas de su casa natal. En 1885, Caroline se rebeló contra su familia e ingresó a la escuela de enfermería en la ciudad de Nueva York, graduándose del Hospital de Nueva York en 1888. Cuando se inauguró el Hospital Johns Hopkins en 1889, se mudó a Baltimore y fue nombrada jefa de enfermeras de la sala de operaciones del famoso cirujano y profesor de cirugía William Halsted.
Años después, William Halsted contaría el siguiente relato:
En el invierno de 1889 y 1890 —no recuerdo el mes— la enfermera a cargo de mi quirófano se quejó de que las soluciones de cloruro mercúrico le producían una dermatitis en brazos y manos. Como era una mujer inusualmente eficiente, consideré el asunto y un día en Nueva York le pedí a Goodyear Rubber Company que hiciera como experimento dos pares de guantes de goma delgados con guanteletes. En la prueba, estos resultaron tan satisfactorios que se pidieron guantes adicionales. En otoño, a mi regreso a la ciudad, a un asistente que pasaba los instrumentos y enhebraba las agujas también se le proporcionaron guantes de goma para usar en las operaciones. Al principio, el operador los usaba solo cuando se realizaban incisiones exploratorias en las articulaciones. Después de un tiempo, los asistentes se acostumbraron tanto a trabajar con guantes que también los usaban como operadores y comentaban que parecían ser menos expertos con las manos desnudas que con las manos enguantadas.
La enfermera de la anécdota es, como te imaginas, Caroline, y aunque es probable que haya sido inusualmente eficiente, la verdadera motivación del Dr. Halsted era que estaba profundamente enamorado, y no quería correr el riesgo de que la grave dermatitis que ella sufría provocara su renuncia y alejamiento. Pocos meses después se casaron en Columbia, y permanecieron juntos por el resto de sus días. Ambos fallecieron en 1922, con dos meses de diferencia.
Más allá de la historia de amor, esta anécdota relata cómo surgieron los guantes de goma como una respuesta a un riesgo de lesión por agresión química. Sin embargo, como consecuencia del uso extendido de los guantes entre los cirujanos a las órdenes de Halsted, uno de sus principales discípulos, el Dr. Joseph Bloodgood, notó algo curioso, que publicaría luego en un voluminoso libro: de 459 operaciones de hernia realizadas a partir del uso de guantes de goma, prácticamente ningún paciente sufrió infecciones como consecuencia de la cirugía. A partir de allí, el uso de guantes se extendería por todo el mundo, primero como una forma de proteger al operador del riesgo por uso continuo de desinfectantes, y luego como forma de protección del paciente contra infecciones postoperatorias.
A lo largo de las décadas, los guantes fueron sufriendo transformaciones. Cambiaron de material: pasaron de la goma al látex, y luego al vinilo y al nitrilo. Pero también evolucionaron en su función. Con la aparición de la pandemia del SIDA en la década de 1980, los guantes comenzaron a proteger de infecciones no solo a los pacientes, sino también a los trabajadores de la salud de infecciones transmisibles por la sangre como el SIDA y la hepatitis B.
La desinfección de las manos en contexto hospitalario ayudó a resolver un problema sumamente grave, pero nos llevó a un nuevo problema. Frente a este nuevo escollo, los guantes de goma representaron un desarrollo tecnológico sorprendente, tan sencillo como eficaz.
¿Conoces otros desarrollo tecnológicos relacionados con esta temática?
Asimismo, este hito tecnológico trajo aparejado la producción de nuevo conocimiento: su uso no solo protegía la piel de los trabajadores de la salud, sino que también redujo las infecciones posquirúrgicas, ya que los microorganismos tienen menor capacidad de adherirse a materiales como la goma, el látex y el nitrilo que a la piel de los seres humanos.
¿Sabías que la Tecnología no es meramente la aplicación de conocimientos científicos? Es una actividad humana capaz de generar conocimientos por sí misma. ¿Puedes pensar en otros ejemplos de conocimientos producidos a partir de desarrollos tecnológicos?